LA PASARELA

LA PASARELA

Indudablemente la construcción de las vías del ferrocarril generó enormes transformaciones en los montes vírgenes del Chaco Santiagueño y trajo importantes cambios en la fisonomía de los asentamientos o pueblos ya existentes.

 El ferrocarril con sus trazados que avanzaban a fuerza del hacha, modificó la vida de quienes habitaban la margen izquierda del Salado, donde cuentan, “... se vivía la euforia de la navegación... ”, a punto tal de concretarse en 1863, una sociedad con capitales franceses, que traían la ilusión de hacer de estos pueblos, importante puertos fluviales. Pero, nada de esto sucedió.

Recién en 1.888 se conoce el proyecto para construir un ramal que haga más fácil conectar San Cristóbal ( Santa Fe) y Tucumán, ruta que pretendía concretar actividades comerciales y de extracción. Para esta obra titánica, adquiere los derechos la Compañía Francesa de Ferrocarriles Fives Lille, que inicia una fuerte campaña para captar a los inmigrantes que por ese entonces habían comenzado a llegar al país, e incorpora a las tribus originarias en la construcción del nuevo ramal.

1.890 es señalado como el año en el que un hecho fortuito cambia el destino del entonces Fortín Añatuya. Se descarrila y vuelca un vagón de herramientas y provisiones: “El vagón volcado se convirtió en una improvisada estación, en la cual se recibían y transmitían órdenes telegráficas para las cuadrillas obreras que allí encontraban cómodo pernoctar”. Y el tiempo hizo lo demás.

Se construyeron modernos edificios para la estación de trenes y las viviendas destinadas a los jefes que llegaban desde otros horizontes. En poco tiempo la Estación AÑATUYA evidenció una intensa actividad. Esto determinó un entramado urbano propio de las ciudades que comenzaron a crecer a partir de la actividad ferroviaria.

Casi de manera natural e instintiva se fué generando, en inmediaciones, la primera plaza,  que actualmente conocemos como Plaza Sarmiento. A partir de allí la ciudad comenzó a extenderse hacia el oeste, con un desarrollo comercial importante. Paralelamente,  se inicia la venta de lotes cercanos a las vías, requeridos por los mismos trabajadores ferroviarios, lo que generó un crecimiento de la ciudad hacia ambos lados de la Estación.

 Pronto, se vió la necesidad de unir ambos sectores, pero el tráfico constante y el trabajo de maniobras en playa de operaciones (vías), obligó a construir el primer Paso en Alto-Nivel, destinada a peatones, la popularmente conocida PASARELA..

Sin duda era la obra más espectacular de todo el trayecto ferroviario, incluso era indiscutido su protagonismo en la ciudad que crecía y que requería de construcciones ambiciosas como la pasarela que embellecía la zona y era orgullo para quienes participaron en su construcción.

Al cruzarla se ampliaba el panorama y podía verse la magnitud de lo que significaba el FERROCARRIL en nuestro Pueblo, que crecía con ese movimiento constante de locomotoras de gran potencia y vagones preparados para el transporte de cargas, mercancías, leña, agua.

Pero tristemente, desde marzo de 1993, año de la disolución de Ferrocarriles Argentinos a fuerza de un decreto firmado por el entonces presidente Carlos Menem, se frenó aquel proceso de crecimiento que había iniciado para la ciudad y la zona.  Miles de localidades y pueblos quedaron a la vera de las vías, empezando un fuerte proceso de desguace: los rieles fueron robados, las estaciónes ocupadas, y muchos ramales lentamente desaparecieron.

El monte se apoderó del sector de vías. Los árboles crecieron como si intentaran tapar la decadencia y la ausencia del movimiento ferroviario. Entonces, más que nunca nuestra Pasarela se irguió victoriosa ante aquella historia próspera que llegaba a su fin.

Desde aquel momento LA PASARELA pasó desapercibida para la mirada de los añatuyenses, como si el haber sobrevivido a la desaparición del Ferrocarril, la condenara a la indiferencia. Poco se hizo en aquellos años por semejante mole de hierro que supo ser emblema de progreso. Recién cuando Añatuya se disponía a celebrar 100 años de vida como ciudad, se la pintó y se puso en valor su estructura.

La Pasarela se extiende en el paisaje añatuyense con más de 72 metros de largo. Al recorrerla se  van atravesando un total de 78 gruesas chapas, resistentes y soldadas entre sí. Con el correr del tiempo muchas fueron reemplazadas, pero aún se conservan intactas la mayoría de estos chapones que soportaron el caminar de cientos de miles de millones de pasos de visitantes ávidos por disfrutar de las alturas.

Para acceder es necesario subir 25 escalones de cemento resistente, casi una aventura que pone a prueba a los grandes y es el deleite de los niños, que se desprenden de las manos que los sostienen y se adelantan sólos, sin ayuda y hasta sin miedo. Y es que esta estructura imponente deslumbra por si misma, cautiva la valentía de muchos que la observan con una mirada renovada.

Se asemeja a un gigante túnel metálico, de vigorosos hierros, mallas metálicas reforzadas que se entrecruzan definiendo paralelas que se unen donde termina la mirada, en un sólo punto que nos convoca a alcanzarlo. Y lejos de ser superficial, LA PASARELA nos permite apreciar un atardecer de verano, sentir el frío, el viento, la lluvia, rescatar lo mejor del paisaje que siempre es bueno, con la mejor compañía que se pueda elegir.

La PASARELA fué y es testigo de amores declarados en grafitis. Es el lugar elegido para encuentros amorosos. Estuvo y está ahí con su singularidad. Como un enorme símbolo de un glorioso pasado.

Puede que nos falte mucho, pero mucho tenemos para enorgullecernos, como la  PASARELA, que conforma nuestro paisaje; que paciente, espera siempre al añatuyense y al visitante. Está ahí, hermosa y majestuosa construcción, adecuada y conservada por su valor histórico y arquitectónico. Simplemente nos queda comprometernos en cuidarla como símbolo de nuestra identidad.