Una Historia de Concreciones

Una Historia de Concreciones

En un relato sencillo y emotivo, Leo Gramer, quien por estos tiempos se encuentra jubilado y en su Alemania natal, nos cuenta su historia en estos territorios. Desde el momento de soñar con este continente americano y el arribo a Buenos Aires, este relato en primera persona tiene el ritmo del hablar (...y escribir) del conocido padre Leo. Agradecemos su aporte, que suma a mostrar Nuestra historia como Pueblo, una historia tan rica para narrar y leer.

"Una iglesia pobre puede tener un corazón rico"

10 años como párroco en el monte santiagueño Primero quería irme en 1988 al Peru, al altiplano. Un colega de mis estudios en teología se casó después y trabajó con su esposa como ayudantes al desarrollo de la zona. Buscaban a un párroco. Nos encontramos en Alemania y todo pareció bien. Pero mi obispo alemán dijo que no. Me presentó la zona del monte santiagueño, a unos 1000 km de Buenos Aires. Hace 20 años se han ido ya prebíteros de mi diócesis alemana hacia la diócesis de Santiago al Estero, pero no a Añatuya. Y Monseñor Gottau era muy conocido en mi diócesis Rottenburg-Stuttgart. Al principio fui desilusionado. El sueño de conocer la teología de la liberación, la religiosidad de los indios etc. se apagó. Pero me acordé de un dicho de mi mamá: „Chico, nunca sabes para que algo sirve...“ Entonces me compré un libro para aprender español. Alcanzé 10 lecciones, después llegó la salida por avión el 15 de agosto del 1988. Por primera vez en mi vida llegué a una situación muy diferente de la mia. Tenía 46 años. En un convento de Franciscanas en Florencio Varela (BsAs) me habían ofrecido de aprender el idioma. Pero la maestra de las hermanas ha caido enferma y no había nadie para enseñarme. Después de una semanita llamé al obispo de Añatuya por teléfono diciendo: „Mañana llegaré a las 7 h con el colectivo en Añatuya.“

"Los primeros cinco años: Los Pirpintos y Añatuya (1988-93) "

El vicario general, P. Emilio, me buscó en la estación de colectivos. Habló como las cataratas de Iguazú y no entendí nada, excepto la única palabra – cuando pasamos una iglesia : „Catedral“. En el obispado me recibieron amablemente: Monseñor Gottau, la Rusa, la Inma, los colegas. En la mesa del almuerzo una charla viva, chistes – y no entendí nada. Mama mia! El obispo me llevó a distintas parroquias de la diócesis. Lo más importante que comprendí: el corazón abierto. Donde me han faltado las palabras, allí el corazón comprendió. P. Emilio me instaló el 2 de octubre 1988 en Los Pirpintos. Me escribió tantas cartas para ayudarme a comprender la mentalidad. El obispo me visitó 4 veces en estos dos años. En Alemania hasta hoy (tengo ahora 78 años) nunca me ha visitado algún obispo. En Alemania amigos, parroquias, escuelas me han dado tanto dinero para mi trabajo en Argentina. ¿Qué hacer con el dinero? Surgió la idea de trasladar un colegio estatal de Pampa de los Guanacos a Pirpintos para que los chicos después de la primaria no quedaron en el aire. Formamos una comisión y hablando con el gobierno llegamos a un acuerdo: el pueblo construye el edificio, Padre Leo da el dinero, el gobierno pagará a los profesores. La inauguración del Colegio Agrotécnico Papa Juan XXIII de Los Pirpintos fue un acontecimiento hermoso (3 al 10 de junio 1989). No había a un profesor del idioma inglés en la zona. Me acordé de mi inglés que aprendí como alumno del colegio y dije: „Yo voy a tomar esa cátedra“, aunque mi evaluación en el baciller era a duras penas „alcanzó“. Formé lecciones para mis alumnos de su vida y cultura. No había libros, nada. Escribí al pizzarón. Basta. Mi vida en las comunidades de la parroquia, mi ensenanza en el colegio, más tarde también el francés en Pampa, todo un recuerdo muy lindo. Hasta hoy funciona „mi” colegio.

"Profesor y párroco de la Catedral"

El 19 de mayo 1991 el obispo me presentó como párroco de la Catedral de Añatuya y profesor de la teología dogmática en el Seminario der Santiago. Un día y medio estuve cada semana con los estudiantes, el resto de la semana en mis 15 comunidades de Añatuya en un alrededor de 70 km. En el año 1992 despedí como párroco de la Catedral a Monseñor Jorge y al P. Emilio, a los dos tantos queridos. Saludé al segundo obispo de la diócesis, Monseñor Antonio que me pidió de tomar cargo no sólo de la Acción Católica, sino también de los grupos carismáticos. Las misas con ellos y los cantos me acompañan hasta hoy. Mi guitarra se cambió en un „sacramento“ muy importante – hasta hoy. En marzo 1993 se acabó mi primer estadía santiagueña. Mi obispo alemán, Walter Kasper – actualmente cardinal emerito en Roma, muy apreciado por el Papa Francisco – me pidió de colaborar en su sede.

"La segunda estadía: Tintina (1999-2001)"

Después de seis años en Alemania, la mitad de mi corazón pidió una nueva experiencia en el monte. Monseñor Antonio me dió Tintina. Ahora tenía 30 altares en capillas o lugares en escuelas o bajo de un árbol en un alrededor de 70 km. Pero traté de llegar a cada lugar como costumbre por lo menos dos veces por mes, en el día del patrono de la capilla o del lugar y una segunda vez al mes. De nuevo fueron las maestras y los maestros mis colaboradores más importantes. En una escuela del campo, Libertad, me pidió la directora de hacerme padrino. ¡Una ceremonia inolvidable! Comenzé también de colaborar en el Cursillo de Cristiandad. Lo hago desde aquella época también en Alemania hasta hoy. De nuevo experimenté el gran corazón de los Santiagueños, especialmente de la gente sencilla con el mate y la tortilla (preferida calente!!). Y no digo más „gracias“ como en el primer mate del campo en 1988, cuando al recibir el mate dije - como chico alemán bien educado - „gracias“ y me extrané que no me ofrecieron más el mate. Esta segunda estadía duró exactamente dos años - poco, pero con muchos recuerdos. Después volví por siete años a una parroquia alemana. Pero en las vacaciones del verano alemán volví de visita a mi querido monte. En 2013 me despedí después de 7 años de aquella parroquia. ¿Qué hacer ahora con 67 años?

"Tercera estadía: Monte Quemado (2010-13)"

„Las puertas están abiertas“, me dijo en una visita Monseñor Adolfo, el tercer obispo de la diócesis. También en la parroquia del Perpetuo Socorro de Monte Quemado gané a nuevos amigos: ancha suma!! Las experiencias en la ciudad como en el monte, en las escuelas, los ranchos...Lindos momentos, pero también duros, por ejemplo cuando dos chicas en poco tiempo se suicidaron. ¡Cuántas lágrimas! Qué es lo que aprendí en mi vida argentina? Una iglesia pobre (de plata) puede tener un corazón rico. Jesús muestra su corazón abierto. Eso es lo fundamental. Así puedo decir: Mi horizonte se amplificó. Por eso canto con entusiasmo mi himno personal: „Dios es amor“...agradeciendo a todas las personas que encontré en mis 10 años en el monte.

Padre Leo Gramer, Alemania.